Esta semana, en clase: Garudasana, el Águila

Garudasana sobre fondo

 

Esta semana pondremos nuestra atención en Garudasana,  la postura del Águila.  Garuda es considerado un dios menor en el hinduismo y también en el budismo: en su nacimiento fue confundido con el dios Agni, por el fuego interior que desprendía. Posteriormente se convertiría en la montura donde viaja el dios Vishnu, conservador de todas las cosas.  No es azaroso que esta posición sea consagrada a Garuda, el Águila, pues el entrelazado de las piernas y de los brazos nos va a ayudar a dar apertura a la zona posterior del cuerpo y a la profunda separación de los omóplatos, como si de las alas de un ave se tratara. El equilibrio va a ayudarnos a la concentración y la suave flexión hacia delante activará nuestro fuego interior. Disfrutemos, pues, de Garudasana

¿Cómo se ejecuta?

Desde Tadasana, presenta tus dos brazos en Purna (los dos brazos estirados, frente a ti,  a la altura de los hombros, y con la separación de ambos), flexiona los codos, de manera que formen un ángulo de 90º. Manteniendo el brazo derecho en esta posición, vas a entrelazar alrededor de él  el brazo izquierdo, de manera que en el pliegue del codo izquierdo, queda apoyado el codo derecho, y con la mano izquierda intentarás tocar la palma de la mano derecha, cruzándola por delante.

Una vez organizados los brazos, pasamos a las piernas: flexionando ligeramente ambas piernas, realizarás el mismo movimiento de cruce que con los brazos: manteniendo tu pierna derecha bien asentada en el suelo, vas a entrecruzar alrededor de ella tu pierna izquierda, de manera que ésta se cruza por delante del muslo derecho, y con el empeine del pie izquierdo intentamos tocar el gemelo derecho.

Tras haber entrelazado piernas y brazos, inclinamos el tronco ligeramente hacia delante, partiendo siempre desde las caderas.

 

Pies, piernas y caderas:

Para que te sea más sencillo poder entrelazar la pierna, recuerda flexionar tu rodilla, aunque no demasiado, de esa forma te será más fácil llegar al gemelo de la  pierna correspondiente. Pero si no llegas, ¡no te preocupes! A veces unos muslos prominentes, o la falta de flexibilidad en nuestras articulaciones nos impiden ejecutar completamente esta asana, para eso puedes utilizar las variantes:

– Flexiona la pierna de apoyo, y sobre ella cruza la pierna que entrelaza, como si estuvieras sentado en una silla con las piernas cruzadas. A medida que tus articulaciones se vayan flexibilizando podrás ir acercando tu pie al gemelo.

Cuidado, además, con las caderas. Procura que permanezcan delante todo el tiempo y no se vayan hacia un lado u otro.

 

Tronco

Al comenzar a construir la asana entrelazando los brazos, el tronco está erguido, pero a medida que vamos entrelazando las piernas, necesitaremos inclinar ligeramente el tronco hacia delante. Una vez que hayamos enlazado piernas y brazos, es el momento de jugar con nuestro tronco: partiendo desde las caderas, con el tronco recto, vamos a inclinarnos ligeramente hacia delante. Esto va a profundizar el equilibrio, y a estimular agni, nuestro fuego interior.

 

Hombros y brazos

Screenshot_2

Cuando comenzamos a construir la asana en los brazos, la articulación del hombro va a tender a subir hacia arriba, recuerda entonces la máxima de que los hombros deben estar separados de las orejas. Lleva la acción energética de los hombros hacia abajo y hacia atrás, ¡pero cuidado! No fuerces nada, pues podría peligrar nuestras articulaciones.

No obstante, llevar este enlace de brazos puede ser, por el momento, inalcanzable. Existen otras formas previas que nos van a ayudar a abrir las articulaciones:

– Con los brazos flexionados frente a ti, une las manos y los codos, como en un Namasté donde implicas los codos y las manos.

– O también puedes realizar el mudra del loto. Para ello, coloca tus dos brazos estirados en Purna (brazos estirados frente a ti, paralelos a los hombros), y dirige las palmas de las manos hacia afuera, de manera que los dorsos de las manos se miran. Desde esta posición, cruza el brazo izquierdo con el brazo derecho, y comprobarás que ahora las dos palmas de las manos quedan mirándose. Únelas. Ahora con las dos palmas unidas, dirige los dedos hacia abajo y continúa con la rotación hasta que los dedos meñiques (unidos) toquen tu corazón.

 

Cabeza

Tu cabeza se mantiene alineada con el resto de tu columna: el mentón neutro, ligeramente hacia dentro. Al igual que ajustamos en Tadasana, también lo hacemos en esta posición.

 

 

 

Variante

Screenshot_1

Una variante que también podemos ejecutar para progresar en la postura, sería partiendo desde la posición de rodillas en el suelo, cruzando la pierna por delante y entrecruzando los brazos. Para aquellas personas a las que les resulte muy difícil mantener el equilibrio, o tengan algún problema en tobillos, pies o piernas, puede resultar mucho más accesible.

 

 

Puntos claves

– Hombros abajo y atrás.

– Omóplatos bien separados.

– Tronco inclinado hacia delante, desde las caderas.

– Piernas entrelazadas entre sí.

– Mirada a un punto fijo.

 

 

Deshaciendo la postura

 

Construir un asana es como trepar un árbol. Cuando alcanzamos la cima, no podemos bajar de un salto, sino que tendremos que deshacer lentamente el camino. Ahora toca el sentido inverso: Poco a poco yergue tu tronco, deshaz el enlace de las piernas  y colócalas en Tadasana; deshaz con muchísimo cuidado el enlace de tus brazos, desenlaza y antes de soltar los brazos, coloca juntos los codos y las manos, después déjalos caer suavemente a la posición de Tadasana. Toma una inspiración aquí, dejando que las articulaciones descansen y aquí coloca tus manos a la altura de los riñones, con los codos hacia atrás, separa ligeramente las piernas y haz una extensión de columna muy ligera hacia atrás.

 

Lo que transmite, lo que significa

Al nacer, Garuda fue confundido con el todopoderoso dios del fuego Agni, por lo que los dioses enseguida se postraron ante él. Pero luego se dieron cuenta de que se trataba solo de un bebé, pero aun así lo elogiaron y lo llamaron dios del Fuego y del Sol. Garuda era un águila gigante y antropomórfica: cuerpo humano con alas y pico de águila. Y toda esta simbología nos ayuda a entender cuál es el significado de esta poderosa asana que aún en sí el equilibrio, la torsión, la flexión, la posición de pie… Todas las asanas consagradas a las aves míticas son aquellas que abren la zona escapular y, por tanto, la parte posterior del cuerpo donde se anida el mundo de lo inconsciente. La profunda apertura que vivimos en Garudasana, nos ayuda a abrir nuestra zona dorsal a la realidad, a tomar consciencia de la misma, esa zona donde se acumulan los problemas y preocupaciones queda liberada de toda tensión.

El entrelazado de nuestros miembros, permiten un recogimiento de nuestra zona anterior, la zona de lo consciente, y un estado mental de introspección, pero que no podemos abandonarnos a él, pues en ese caso peligraría nuestro equilibrio. Debemos mirar hacia dentro, pero sin dejar de estar alerta a lo que sucede fuera de nosotros. Nuestra mirada, nuestra atención, al igual que la de un águila, debe estar alerta a lo que hay más allá de nuestro mundo interno.

Y mientras, sentir el fuego interno, el fuego devorador que se aloja en nuestro estómago, el Agni de tu interior, que al verse estimulado, es capaz de abrasar con sus llamas la enfermedad.

 

¿Qué beneficios aporta?

 

Esta asana nos ayuda a fortalecer los pies y tobillos, previene los calambres en los gemelos y las piernas,  y ayuda a eliminar la rigidez de los hombros. La ligera flexión hacia delante tonifica y masajea los órganos internos. Además, mejora la concentración, la calma y la paz interior.

 

¿Alguna contraindicación?

Siempre y cuando seas consciente y sabio, y sepas adaptar la asana a tus necesidades, no existe ninguna contraindicación. De todas formas, como siempre digo, en caso de que tengas alguna afección sobre todo en la cintura pélvica, en la cintura escapular o en el abdomen, consulta primero a tu médico.

 

 

 

 

Hari Om. 

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