Pratyahara a través del Yoga Nidra

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En este artículo os hablo de cuál es el lugar que ocupa el Yoga Nidra dentro de las ocho etapas del Yoga que definió Patanjali en sus Yoga Sutras. Esta técnica se convierte en el paso inmediatamente posterior al llamado Yoga Físico, preparando nuestro mundo interior para seguir en la propia evolución y desarrollo espiritual, a través del Yoga Mental o Raja Yoga.  Aquí tienes algunas claves.

 

Las ocho etapas del Yoga (según el sabio Patanjali)

En el sistema yóguico que Patanjali describió en su obra Yoga Sutras , dividió en ocho etapas el proceso que todo ser humano ha de seguir para alcanzar el Samadhi o autorrealización, comenzando con las reglas básicas de comportamiento sociales y personales  y continuando con una serie de procesos o etapas que van a armonizar nuestro ser en todos sus aspectos y dimensiones: física, mental, emocional, energética y espiritual. Ocho fueron las etapas que definió:

Yama

Niyama

Asana

Pranayama

Pratyahara

Dharana

Dhyana

Samadhi

Las cuatro primera etapas son aquellas que preparan el cuerpo y la mente para el proceso interno. Las cuatro siguientes, son las etapas que se adentran en el mundo interior.

 

Las etapas externas

La primera etapa se refiere a nuestro “yo social”, y al comportamiento con nuestro entorno: No hacer daño a ningún ser vivo ni cosa, decir siempre la verdad –salvo que sea dolorosa o cause daño-, ser honestos y honrados, controlar la energía sexual y no ambicionar ni atesorar. 

La segunda etapa, se refiere a nuestro comportamiento respecto a nosotros mismos: limpieza interna y externa, estar contentos con lo que se tiene, ser austeros, dedicarnos al estudio interno, y rendirnos a la voluntad divina.

La tercera etapa, Patanjali la denomina “Asana”, que significa postura. Sin embargo, en esta senda, no debemos confundir lo que Patanjali se refiere con Asana, y lo que entendemos hoy día. EL contexto de los Yoga Sutras, entra dentro del Raja Yoga, por lo que se refiere más bien a las posturas de meditación, en las que debemos estar cómodos y estables (sthira y sukham).

La cuarta etapa, es la del control de la respiración, en la que, de manera consciente, se realizan distintas técnicas para dominar las distintas fases de la respiración, preparando, de esa forma, el cuerpo, la mente y las energías para adentrar al ser en las siguientes fases.

 

Las etapas internas

En estas cuatro etapas, hasta el momento, hemos mantenido una consciencia externa: nuestra mente analítica y racional lleva a cabo todas aquellas actividades para seguir conscientemente esta senda. Sin embargo, ya cuando nos adentramos en las últimas cuatro etapas, los estados de conciencia van a variar considerablemente, puesto que ya entran al juego nuestro aspecto subconsciente.

La primera etapa (o quinta) es Pratyahara y se refiere al retiro de los sentidos. En esta etapa, nuestra conciencia empieza a retrotraerse hacia el interior, dejando a un lado todos los estímulos externos que constantemente estamos recibiendo. Significa no apegarnos a la información de los sentidos, y no dejar que interfieran en nuestra capacidad de autocontrol. Seguimos mirando hacia dentro, a pesar de todos los estímulos que nos vienen desde fuera (un sonido, una sensación en la piel, un olor determinado…), vamos “desconectando” cada sentido para no dejarnos influenciar por ellos y por la interpretación de la mente hace de ellos.

La segunda etapa –o sexta etapa- es Dharana y se refiere a la capacidad de concentrarnos. Una vez que los sentidos se han retirado, nos es posible concentrar la mente en un punto para de esa forma pasar a la siguiente etapa.

La tercera etapa –o séptima etapa- es Dhyana y se refiere al acto de la meditación. Con la mete capacitada para la concentración en un solo punto, es posible comenzar con el estado meditativo, en el que cesen las fluctuaciones de la mente.

Y, por fin, la última etapa es la de Samadhi. Realmente más que una etapa se trata de una finalidad. El camino de la meditación nos ha llevado a abandonar la mente y entramos en un estado de Comunión con el todo.

 

El lugar del Yoga Nidra

 

El Yoga Nidra nos ayuda en el proceso de Pratyahara, pero, además, su configuración nos va adentrando y preparándonos para las siguientes etapas: la concentración y la meditación. La mente consciente, activa, pensante, nos va abandonando a medida que profundizamos en la práctica, y comienza a emerger el mundo del subconsciente. Nosotros mantenemos cierto sentido de alerta, para no dormirnos, pero no hay elemento racional en ella: es decir, en el proceso del Yoga Nidra, estamos despiertos para no caer en el sueño inconsciente, sin embargo, todo fluye sin que nosotros debamos hacer nada para evitarlo o para potenciarlo.

De esa forma, vamos desconectando los sentidos y, además, vamos desarrollando la concentración en nosotros. La rotación de la consciencia, el conteo de las respiraciones, las sensaciones opuestas… van llevando a nuestro ser a un estado de absoluto recogimiento y de introspección.

 

 

El Yoga Nidra en el contexto del Yoga Integral

 

En occidente, el yoga que se ha popularizado es el Físico. Muchas personas acceden a las clases en busca de sentirse mejor con ellas mismas, de flexibilizar y fortalecer su cuerpo a través de la práctica, e incluso de recuperarse o prevenir alguna dolencia. Otras acceden en busca de un poco de calma mental, que le ayude con dolencias como la ansiedad o la depresión. Sin embargo, son pocas las personas que siguen la senda de un yoga más supremo, donde el cuerpo –que hasta el momento es la herramienta que se emplea en el Hatha Yoga- pase a un segundo plano, y la actividad, la técnica y la recuperación suceda en la mente.

El Hatha Yoga (y cualquiera de sus variantes) es un medio idóneo de autoconocimiento, en el que las energías se mueven, los bloqueos se deshacen, y nuestra mente y actitud cambian gracias a la ejecución de las Asanas y al encuentro con nuestro cuerpo físico, que se convierte en maestro vital. Sin embargo,  esta senda puede ser muy dura, y puede también que, por nuestra propia idiosincrasia, no consigamos vislumbrar muchos de nuestros aspectos de una manera clara y reveladora. El Raja Yoga y sus técnicas, se convierten en una actividad necesaria para nosotros.

El Yoga Nidra, además, tiene un alto valor terapéutico, y capacidad de transformar nuestra vida de un modo factible, consciente, y que nosotros mismos podemos controlar: desarrollar esas potencialidades dentro de nosotros que nos permitan deshacernos de las tensiones que hemos ido acumulando a lo largo de la vida, para liberar a nuestro ser y permitirle ascender hacia un desarrollo espiritual donde podamos encontrar nuestra verdadera esencia.

 

El Yoga Nidra pasa contundente hacia el estado de Pratyahara, y además, prepara la tierra para que la Concentración y la Meditación sean pasos accesibles para nosotros… y ¿quién sabe? Encontrar el Samadhi.

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