Esta semana, en clase: Natarajasana, el Rey de la Danza

Natarajasana
Natarajasana

Natarajasana, el Señor de la Danza, a la que también nombramos como la Bailarina y, en su versión más simple, como el “Lápiz”, representa al Dios Shiva en su faceta de Dios de la Destrucción. En la cosmogonía mítica de la India, Brahma, Vishnu y Shiva son los tres aspectos de una misma divinidad: Brahma como Creador, Vishnu como Conservador y Shiva como Destructor. Esta asana simboliza la terrible danza, Tandava, que Shiva ejecutará cuando haya de destruir todo lo conocido, para que un nuevo cosmos surja de nuevo.

¿Cómo se ejecuta?

Desde la posición de Tadasana, vamos a activar Pada Bandha, es decir, nos enraizamos a través de los pies en el suelo, procurando que se encuentren bien asentados en la tierra y con la mayor parte de la superficie de los pies apoyada en ella. Desde esta posición, presenta tu pie izquierdo desplazándolo hacia delante y apoyando tu almohadilla en el suelo; a su vez, presenta el brazo derecho, estirando ligeramente la mano hacia delante con los dos dedos rectos.  Ambas acciones te servirán para hacer contrapeso. Es el momento de volver a asegurarte de que el pie que va a soportar tu peso (el pie derecho) se encuentra bien enraizado: comprueba que te sientes estable y si es así, continúa.

Ahora, con tu pierna estabilizada, flexiona tu pierna izquierda hacia atrás, de manera que acerques el talón del pie al glúteo izquierdo y con la mano izquierda, sujeta el pie; cuando hayas conseguido estabilizarte, alza tu mano derecha hacia arriba. Esta es la posición parcial de Natarajasana, conocida como “El Lápiz”. Puedes continuar en ella, o seguir profundizando en la postura.

Del Lápiz, desde las caderas vas a ir inclinando tu tronco ligeramente hacia delante, procurando mantener tu pecho abierto, y con la pierna que está detrás vas a intentar dirigirla hacia tu cabeza, de manera que formaras un arco con ella. Tu mano alzada, la derecha, dibuja el Chin Mudra, y mantienes la mirada en un punto fijo.

A medida que vas progresando en la postura, irás acercando tu pie sujeto, en nuestro caso el izquierdo, hacia tu cabeza, hasta que consigas (¡si es que podemos!) que toque tu coronilla. No obstante, tranquilidad, pues los efectos en cualquiera de las posiciones explicadas son los mismos, solo varían la intensidad.

Pies, piernas, pelvis

El pie que se encuentra sosteniendo la base, ha de estar bien asentado en el suelo. Procura que toda la superficie esté en contacto con la tierra, para conseguir la mayor estabilidad posible. De esa misma pierna, la rodilla ha de estar estirada, pero nunca bloqueada, si tuvieras algún problema en esta articulación, es mejor que la dejes con un poco de flexión. La otra pierna ha de estar suelta, sin tensiones, para que puedas movilizarla sin obstáculos.

Tu cadera derecha se encuentra, en el Lápiz, en una posición neutra y la izquierda, en ligera anteversión. A medida que profundizas en la postura, encontrarás que el lado izquierdo de tu pelvis irá profundizando en la anteversión, mientras que tu lado derecho tenderá a la retroversión pélvica.

Tronco y cabeza

El tronco, recto en el Lápiz, irá arqueándose poco a poco a medida que avanzamos en la postura, el pecho se irá expandiendo con ayuda de la posición de los brazos. Nuestra cabeza acompañará en todo momento al tronco, arqueándose completamente hacia atrás cuando consigamos la posición final. De todas formas, esta última posición es para usuarios muy avanzados y maestros, a medida que ejecutas la asana, simplemente mantén tu cabeza mirando a un punto fijo.

Hombros, brazos y manos

Tu brazo alzado, el derecho, en el Lápiz irá dirigido hacia el cielo, y a medida que vas inclinándote y profundizando en la postura, comenzará a inclinarse junto al tronco. En tu mano puedes llevar dibujado el Chin Mudra, como elemento de concentración y de conexión. El brazo izquierdo, que sujeta la pierna, en el Lápiz sujetará cómodamente el pie, pero a medida que profundicemos, iremos rotando el antebrazo, de manera que podamos continuar alzando nuestra pierna en un movimiento fluido, como en la imagen.

Puntos claves

– Pies bien asentados en el suelo, especialmente el que sujetará nuestro peso.

– Posición de Tadasana bien alineada.

– Observación de un punto fijo.

– Equilibrar ambos lados del cuerpo.

– Pierna izquierda hacia el glúteo.

– Brazo derecho alzado hacia el cielo.

Deshaciendo la postura

Intenta continuar estable, concentrada en un punto fijo. Ve colocando tu tronco recto, para llegar al Lápiz. Continúa concentrada. Ve desplazando la mano que está arriba hacia la posición de Tadasana, junto a tu cadera. Suelta la pierna izquierda, y presenta el pie como hacías al principio de construir la asana, es decir, coloca la punta del pie frente a ti en el suelo, y de aquí vuelve a la Montaña.

Lo que transmite, lo que significa

La destrucción, la muerte, la finitud, forma parte de la Existencia, de la vida. Esta no es posible entenderla sin la muerte. Tampoco podemos comenzar algo nuevo, completamente nuevo, sin antes destruir lo viejo, quemarlo, y deshacernos de ello. Por eso Shiva, en su faceta de Dios Destructor, es fundamental y pilar básico para que la vida continúe. Para que la respiración pueda seguir continuando, es necesario exhalar y llegar al Vacío Absoluto.

Las asanas de equilibrio son aquellas que más nos enseñan acerca de nosotros mismos: nos ayudan a valorar cómo reaccionamos ante las adversidades de la vida. Cuando nuestro equilibrio se ve comprometido y caemos, ¿qué pensamientos, sensaciones, actitudes devienen en ti? ¿Te enfadas, te frustras, te lo tomas con humor, le restas importancia…? Todo eso dice de ti un equilibrio mantenido en el tiempo.

Pero también nos ayudan prepararnos para comenzar algo nuevo. A destruir todo aquello que forma parte de nuestro pasado, de nuestra historia, y que nos encadena, para abrirnos a lo nuevo que va llegando. Shiva, en su baile terrible va deshaciendo todo el pasado, para, de ahí, desarrollar a Brahma, el aspecto creativo. Natarajasana te ayuda a enfrentarte a tus miedos, a desapegarte de todo lo que ha formado tu pasado para ayudarte a aceptar los nuevos retos, a construir a partir de tu cuerpo, de la estabilidad de tu mente y de la energía renovada.

Los beneficios que aporta

Natarajasana tonifica nuestra musculatura de piernas, brazos y tronco, y permite abrir el pecho, mejorando la respiración. Los órganos pélvicos y abdominales se encuentran con mayor espacio, mejorando su funcionamiento, y el ligero arqueamiento de la columna la hidrata e irriga, beneficiando todas las articulaciones. Para personas con escoliosis, disfunción renal e hipertensión es muy beneficiosa.

También ayuda a combatir el estrés, mejora el equilibrio, desarrolla la confianza, la concentración y la memoria, y nos permite desarrollar un porte elegante.

¿Alguna contraindicación?

Aunque, en principio, no existen contraindicaciones para esta postura, en caso de que exista algún problema en la articulación de la rodilla, consulta a tu médico o especialista.

 

Secuencia para Natarajasana

Samasthiti
Samasthiti
Ardha Natarajasana o el Lápiz
Ardha Natarajasana o el Lápiz

Camino a Natarajasana
Camino a Natarajasana

De Tadasana, nos preparamos para el Lápiz,

y de ahí vamos hacia Ardha Natarajasana.

Observa que si deseas profundizar más en la posición,

el antebrazo que está detrás, deberás rotarlo hacia arriba,

para ayudarte en el movimiento.

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