Esta semana, en clase: Ardha Matsyendrasana, la Media Cola de Pez

 

Ardha Matsyendrasana con fondo

 

Cuando Shiva enseñaba a la diosa Parvati, su esposa, los secretos del Yoga, un pez escuchaba atentamente todo lo que le decía y consiguió alcanzar el mismo conocimiento. Cuando Shiva se dio cuenta de ello, desterró al pez a la tierra firme. Cuando emanó de ella, el pez se transformó en hombre, y compartió los conocimientos con el resto de humanos. Este pez fue llamado Matsyendra, el Señor de los Peces, convirtiéndose en el primer Rishi de la historia.

Ardha Matsyendrasana, la Media Cola de Pez, es una asana de torsión espinal, que rejuvenece y revitaliza la columna vertebral, irrigando la columna, y tonificando y fortaleciendo los pequeños músculos que la rodean. Las asanas de torsión son en sí mismas restaurativas:  pueden ayudarnos a calmarnos después de una asana intensa, o bien puede revitalizarnos tras una serie de asanas relajantes.

Esta semana vemos Ardha Matsyendrasana.

¿Cómo se ejecuta?

 

Podemos comenzar en la posición de Dandasana y desde ahí, flexiona piernas, pon las plantas de los pies en el suelo y separa ambas piernas. Ahora, apoya tu pierna derecha en el suelo, como si fueras a comenzar a sentarte en Sukhasana, no obstante, intenta que tu rodilla quede, más o menos, alineada con tu pecho. Con el otro pie vas a intentar acercarte lo más posible hacia tu pierna derecha. Siempre con la planta apoyada en el suelo, si puedes sobrepasar la pierna, entonces mejor. La rodilla izquierda, en este caso,  apunta hacia arriba, hacia el cielo.

Apoya ambas manos en la rodilla izquierda. Inspira y extiende lateralmente tu brazo derecho como si quisieras dar un gran abrazo solo con ese lado: tu pecho se abre, tu columna se yergue. Exhalando, deja que tu mano izquierda se apoye en el suelo por detrás de ti, y con el brazo derecho que tenías extendido puedes: o bien abrazar la pierna izquierda, o bien pasar el codo por delante del muslo izquierdo; dependerá de la capacidad de torsión de tu columna.

Cuando inspires, observa que tu columna se alargue, cuando exhales, profundiza la torsión espinal un poco más.

 

Pies, piernas y caderas

En el caso de nuestro ejemplo, el pie izquierdo se encuentra apoyado en el suelo. Es importante que busques que se apoye completamente, de no ser así, estaríamos yendo para otra asana. El pie derecho, el que se encuentra abajo, en algunos casos se indica que debe apoyarse bajo el glúteo, pero en esta versión lo dejaremos libremente fuera, lo más cerca posible del glúteo izquierdo.

Las piernas se encuentran ambas en flexión. Quizás la pierna que tienes arriba tienda a inclinarse hacia fuera. Ten en cuenta que no exista excesiva tensión en la articulación de la rodilla; si así fuera, deberás modificar la apertura.

Las caderas, en esta posición, se encuentran aducción. Es posible que se te levante el lado contrario del glúteo al que se dirige la torsión (en nuestro ejemplo, se te puede levantar el glúteo derecho). En ese caso, hemos de intentar que ambos glúteos se encuentren tocando el suelo. Si no es posible, podemos o bien modificar la apertura de piernas, o bien colocar un soporte (una manta doblada puede ser útil) para evitarlo.

 

Tronco y cabeza

El tronco ha de permanecer perpendicular al suelo y bien alineado. Debemos procurar que este se alargue, y para ello, el brazo que tenemos detrás (en nuestro ejemplo, el izquierdo), nos puede ayudar como palanca para llevar la alineación. La torsión se intensifica sobre todo en la zona dorsal, sin embargo, la acción comienza desde el mismo coxis hacia la zona lumbar. Al inspirar y alargar, y al exhalar y profundizar en la torsión, ayudamos a que esta sea más intensa y efectiva y a que los músculos se suelten poco a poco.

 

Hombros, brazos y manos

Es fácil que los hombros, en esta posición, se tensen. Recuerda nuestro mantra: “Hombros separados de las orejas”. Procura que no se te suban, sobre todo en el brazo que tienes cruzando la pierna.

El brazo que entrecruza, dependiendo de nuestra flexibilidad y nuestra fisionomía, puede ser que nos cueste pasar el codo por delante. En este caso, sujeta la pierna con la mano, para ayudarte con la torsión. El brazo que se encuentra apoyado, en Ardha Matsyendrasana nos ayuda  a conseguir la verticalidad de la columna y a continuar fortaleciéndola.

 

Puntos claves

– Una pierna apoyada por su cara externa en el suelo, y la otra entrecruzándola.

– La pierna que entrecruza ha de conservar la planta apoyado en el suelo.

– La torsión comienza desde el coxis y la zona lumbar, pero tiene lugar en la zona dorsal.

– El brazo contrario a la pierna que se encuentra hacia arriba o bien agarra, o bien entrecruza la pierna.

– El otro brazo, se apoya en el suelo y ayuda a dar verticalidad a la postura.

– Las dos caderas se mantienen bien apoyadas.

– La Inspiración ayuda a alargar la columna, la exhalación a profundizar la torsión.

 

Deshaciendo la postura

Con cuidado, tomas tu última inspiración, y a medida que exhalas, vas desplazando tu cabeza al frente, seguidamente tu tronco y colocando ambas manos en las rodillas. De aquí, puedes deshacer el cruce de tus piernas y volver con ambas a Dandasana.

 

Lo que transmite, lo que significa

Todas las asanas de torsión se relacionan con algún gran Sabio del Yoga. Ardha Matsyendrasana se identifica con el primero de esos sabios. Las posturas de torsión nos ayuda a dirigir nuestra mirada a la parte inconsciente de nuestro ser. Cuando miras hacia atrás, manteniendo las raíces delante de ti, estás asomándote a lo que hay a tus espaldas, y la parte posterior de nosotros se identifica con el mundo de lo inconsciente, de aquello que somos, pero que no conocemos, de nuestra Sombra. Ardha Matsyendrasana vuelve la mirada a la Sombra, para conocernos en toda nuestra plenitud.

El pez se asocia, también, a la falta de iniciativa, uno de los Klesâs u obstáculos que definió Patanjali en sus Yoga Sutras: Alabdhabhúmikatva.

 

Los beneficios que aporta

 

Son muchísimos los beneficios que esta postura nos aporta:

– Flexibiliza y tonifica los músculos de la columna y da elasticidad a la espalda, previene la sacralización de la quinta vértebra lumbar, endereza hombros curvados.  Previene dolores de lumbago y dolores de espalda. Es recomendable para dolencias como reumatismo o escoliosis.

– Masajea todos los órganos abdominales, sobre todo bazo, páncreas, hígado, riñones, intestinos y estómago. Mejora la capacidad respiratoria, al aumentar el volumen en la caja torácica. Útil para el tratamiento de la diabetes y la dispepsia.

– Tonifica los nervios espinales.

– Equilibra los nadis Ida y Pingala y estimula la actividad de Manipura y Anahata.

 

¿Alguna contraindicación?

Las personas que padezcan de hernia discal o escoliosis superiores a 20 grados, deberán abstenerse de hacer esta posición, al menos en su versión completa, optando por torsiones más sencillas. En caso de úlcera péptica, tampoco está recomendada.

 

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