Ritual para el solsticio de Invierno: creando nuevos propósitos

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La última noche antes del solsticio de invierno es la más larga del año. La noche, símbolo de las tinieblas, de la oscuridad, comenzará poco a poco a acortarse para dar paso al sol, a la Luz. Cuando llega Junio, celebramos las hogueras de San Juan. Cuando llega diciembre, posponemos un poco este momento mágico y celebramos la Navidad. Compartimos regalos y deseos y vivencias con los seres queridos;sin embargo, abandonamos el verdadero sentido de esta celebración ancestral. Así pues, os invito a celebrar el solsticio de invierno en el momento en que todas las energías de la Naturaleza se encuentran preparadas para recibir nuestros propósitos, aquello que queremos que tenga presencia en nuestra vida.


El ciclo de la vida

La vida es así. Es un ciclo constante. Un tiempo es oscura, un tiempo es luminosa, un tiempo se encuentra en equilibrio: como un péndulo que viene y que va. Y tú puedes estar encaramado al péndulo, o puedes bajar del péndulo y observar la vida. Cuando te encuentras cabalgando en el péndulo de la vida, pierdes la noción de lo que es en realidad; te dejas arrastrar por la corriente del péndulo y a veces todo es oscuridad y otras veces todos es luz, y otras, no sabes si oscuridad o si luz. Al bajar del péndulo, al contemplarlo desde fuera, puedes darte cuenta de que, en realidad, solo es un péndulo y que siempre habrá un momento de luz, otro de oscuridad, otro de equilibrio o indiferencia.

Como en las estaciones, como en el juego solar, la oscuridad precede a la luz y la luz se rendirá a la oscuridad. Y ambas formarán un maravilloso equilibrio, pues no puede haber luz sin oscuridad, ni oscuridad sin la luz. Como las dos alas de un pájaro.


Son tiempos de siembra

Y ahora nos encontramos con la caída de la noche. Ahora la luz poco a poco irá proclamando su victoria. La energía de la Naturaleza comenzará a irradiar hacia fuera, de manera centrípeta. Podrás dar luz y podrás absorber luz. Nuestros pensamientos, nuestras palabras y nuestras acciones se llenarán de energía para que se manifiesten en nuestra vida.

Es el momento de tomar la tierra, de horadarla y de sembrar las semillas que queremos que germinen y broten en este ciclo. Ahora hemos de meditar en nuestros mejores deseos para nosotros y para los que amamos. De escribirlos o manifestarlos y sintonizar con ellos, para tenerlos en presencia.


Medita, luego siembra

Son estos tiempos de meditar acerca de nosotros mismos, de nuestra vida, de lo que nos falta y de lo que queremos. Calmar el cuerpo, la mente, el corazón para ir descubriendo aquello que de verdad quiero en mi vida. Los deseos banales nunca se cumplen. Los que pides con el Ego y no con el Ser, desaparecen tan pronto como los olvidas. Para encontrar el verdadero camino, el propósito vital, has de mirar hacia dentro deshaciéndote de los velos del egotismo. Y cuando tu mente esté en calma, es ahí donde nacerán tus verdaderos propósitos.


El propósito, la semilla

El propósito que nos planteemos ha de ser noble, amoroso y pacífico. Para ello necesitamos una idea clara, un lenguaje preciso, unas palabras adecuadas, una expresión correcta. Significa esto que crearemos un propósito que sea breve, conciso, claro, que tenga que ver con algo importante en nuestra vida, y, sobre todo, que sea positivo: que contenga aquello que sí queremos, y no aquello de lo que queremos deshacernos. Nuestra resolución o sankalpa (en este artículo podrás encontrar más información al respecto).


La paciencia y la constancia como parte fundamental

Cuando siembras una semilla sabes que dejarla ahí y olvidarte de ella supondrá que se seque o simplemente quede siempre como una potencialidad. Es necesario su cuidado y su atención, sobre todo en los primeros momentos, para que poco a poco vaya germinando y creciendo.

Con nuestros propósitos sucede lo mismo. No solo vale con formular un maravilloso propósito y dejarlo ahí en algún rincón de la mente. Hemos de tomarlo y de cuidarlo. De sembrarlo y estar pendientes en todo momento. No sabemos qué clase de semilla será, si necesitará cuidados toda la vida, o de si podrá llegar un momento en que no tengamos que estar atentos, porque vivirá sola y arraigada en nosotros.

Pero en cualquier caso, es importante que esa semilla sea cuidada con mimo y detalle, hasta que arraigue en nosotros.


El ritual (una propuesta)

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El ritual y el símbolo ayudan al Ser Humano a sacralizar diferentes aspectos de su vida. Cuando conviertes algo en sagrado y objeto de veneración, lo integras en ti y te expandes con él. Sales de tu ego para transformarte en una comunión con aquello que para ti es importante. Es por ello que los pequeños rituales y símbolos, nos ayudan a estar conectados con el Todo,y a encontrar dentro de nosotros la luz. Los ritos tienen su simbología y también su creación. Es por ello que te dejo aquí un ritual que nos pueda ayudar a establecer nuestros propósitos y, lo más importante, a conseguirlos.


Dedícate un tiempo a sentarte, a respirar relajadamente y a serenar tu cuerpo, tu mente y tus emociones. Mantente tranquilo y sereno. Deja que la tensión física, mental y emocional te vayan abandonando, o que se queden en un lado, sin que te perturben.

En estado de paz y de calma, de silencio interior, hazte la pregunta “¿Qué quiero realmente en mi vida?” Y luego vuelve al silencio.

Deja que fluya el momento, que pase. Muchos pensamientos podrán llegar, pensamientos banales en la mayoría de los casos. Mantente atento, alerta, porque en algún momento de ese fluir podrás sintonizar con alguna idea que tenga que ver con la pregunta formulada.

Cuando aparezca la idea, contémplala, obsérvala de cerca, pregúntate si eso es lo que necesitas cambiar en tu vida, o si es lo que quieres sembrar en ella. En ti, en tu intuición, estará la respuesta.


Entonces observa y rumia dicha idea para desgranarla y comprenderla. Es el momento en el que vas a elaborar tu resolución, tu propósito. Recuerda que debe ser breve, conciso, positivo y evocador. Y ahora, con total intensidad, repítelo en tu mente varias veces. Es importante que sea de manera intensa.


Cuando llegue la primera mañana del solsticio de invierno, con la idea clara, tomarás un papel y escribirás de forma clara y precisa, esmerándote en tu letra, tu propósito. Con conciencia, ese papel lo sembrarás. En una maceta, en un jardín… En algún sitio, como símbolo de la semilla que quieres que germine en tu vida.

O tendrás una nueva maceta, con tierra nueva, y una semilla. Ahí sembrarás tu papel con tu propósito y tu nueva semilla. Porque así la cuidarás, y cuando cuides tu semilla, también cuidarás de tu propósito.  Y cuando la semilla comience a germinar y a brotar, verás cómo también tu propósito germinará y brotará.


Y, por último… en la sencillez está el gusto

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Cuando tienes muchas responsabilidades, al final terminamos dejando de responder a todas. Significa esto que no te líes a poner miles de objetivos y de propósitos, pues tú y yo sabemos que, de ser así, ninguno brotará. Elige bien, elige muy bien el objetivo que quieres, tu propósito, pero que sea solo uno. Dedícate por entero a ese objetivo que los ciclos continúan y que muchas veces cuando un propósito brota y enraíza, muchos de los otros desaparecen. Así que recuerda: solo un propósito, amor y paciencia.


Om Shanti.

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