La llegada del Otoño

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El Otoño es una de las épocas, para mí, más hermosas de los ciclos de la naturaleza. Observas cómo en un proceso constante, la Naturaleza comienza un periodo de crisis, en el que suceden giros, cambios, incertidumbres para así comenzar a retrotraerse en sí misma. Es un tiempo que invita a contemplar, a reflexionar y a observar todos los cambios que van sucediendo.

Miras cómo la Naturaleza se va tiñendo de cálidos y apacibles colores; que los verdes intensos, los rojos, los azules, los violetas, los amarillos, naranjas… comienzan a ir apagándose para dar paso a una hermosa gama de dorados, ocres, marrones y colores terrosos. Como cuando regulas la luz intensa de una habitación y esta comienza a adoptar una atmósfera tenue. Como cuando el imponente sol, ya comienza a hundirse en el horizonte de la tarde. En el Otoño, nuestra mirada se dirige al Oeste, al punto cardinal por el cual el sol se oculta y que simboliza y representa todo aquello que hay de oculto en la vida y en nuestro interior.

Los días van teniendo la misma duración que las noches. Todo se iguala, para comenzar el proceso de cambio. La energía empieza a variar de dirección. En la Primavera y el Verano, cada uno de nosotros, cada una de las manifestaciones del Universo (seres animados e inanimados) recibía la energía del exterior, sin embargo, ahora, la energía va a cambiar su dirección para emanar de cada uno de los seres y de las manifestaciones. Ahora el árbol, que parece haber perdido sus hojas, sigue latente y vivo en su interior…. Y de ese modo, nuestra vida continúa.

 

Es un momento de reflexión. De profunda reflexión acerca de nuestros frutos y nuestras siembras. En Otoño cosechamos todo aquello que hemos cultivado a lo largo del año. ¿Y cuáles son nuestros frutos? ¿Son abundantes, vivos y sabrosos? ¿O quizás nos hemos encontrado con una cosecha árida, sin vida? Reflexionemos sobre ello,sobre qué frutos nos faltan en nuestro cesto, para que, cuando llegue el tiempo de tomar las simientes y sembrarlas, podamos, en el siguiente otoño, recoger los sabrosos frutos.

 

Esta semana, en clase: Viparita Karani Asana, Invirtiendo el mundo

 

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Más conocida como La Invertida, Viparita Karani Asana es una de las asanas (aunque también la podemos convertir en un mudra) más reconocidas del Yoga por su fácil acceso para la mayoría de las personas y porque su ejecución nos aporta innumerables beneficios en nuestro organismo, en nuestra mente y en nuestra respiración. La posición ligeramente invertida del cuerpo nos va a ayudar a limpiar de toxinas nuestro cuerpo, y a estimular el sistema linfático, regulando el ciclo hormonal y equilibrándolo. Esta semana vamos a descubrir en clase todo lo que Viparita Karani nos aportará.

 

Las posiciones invertidas son las que más beneficios nos aportan y también de las que más respeto nos merecen y más nos pueden impresionar, pero la realidad es que una vez que hemos dominado la técnica, son bastante sencillas de ejecutar y muy asequibles para casi cualquier persona. Sin embargo, a pesar de su fácil ejecución, muchas lesiones surgen a raíz de practicar una asana invertida, por muy sencilla que pueda parecer, y esto se debe al miedo que sentimos a tener el cuerpo en posición contraria a la gravedad. Todos los miedos se nos manifiestan como tensión: lo que debemos mantener relajado, lo tensamos (es muy habitual tener tensa la zona de los hombros y el cuello, lo que da lugar a molestias e incluso lesiones en esta zona) y puede dar lugar a que tengamos alguna molestia e incluso a lastimarnos, algo que con una actitud de confianza y relax es perfectamente evitable. Vamos a ver cómo ejecutarla, pero recuerda esto: el miedo es el peor enemigo de la invertida, antes de ejecutarla, deshazte de tu miedo o enfréntate a él con confianza y relajación.

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¡Nuevo curso! Yoga para Embarazadas

Me complace enormemente comunicaros que en el Centro de Yoga Dharma, vamos a dar inicio a un nuevo taller destinado a mujeres embarazadas. Un taller en el que podrás aprender técnicas posturales (asanas), técnicas respiratorias (pranayama) y técnicas mentales (pratyahara, Dharana, Dhyana) que te van a ayudar a que tu cuerpo-mente-espíritu se armonicen en este hermoso proceso de ser madre, y recuperar tu salud física cuando hayas dado a luz. Aprender a encontrarte a ti misma, a entender qué te sucede y a establecer una hermosa relación con tu bebé desde tu vientre hasta que se encuentre en tus brazos, y continuar comprendiendo y entendiendo después del parto.

 

A partir de noviembre, comenzaremos a iniciar este taller en cuanto tengamos a mamás interesadas en descubrir su embarazo a través del Yoga. Si quieres informarte, puedes llamarme al 647 036 716 o bien visitar mi web http://www.yamyoga.org donde podrás contactar conmigo a través de Facebook, correo electrónico, whatsapp.

 

CARTEL PARA EMBARAZADAS

¿Por qué nos duelen las rodillas? Curando desde lo físico y desde lo mental

Las rodillas, esas dos articulaciones ahí en nuestras piernas que en muchas ocasiones, casi sin darnos cuenta, de repente molestan, duelen, o tenemos una sensación extraña, y a medida que la edad avanza, más presencia –y no precisamente por su fortaleza- parecen tener. ¿Qué papel desempeñan las rodillas en nuestro organismo? Recuerda que el Yoga nos concibe como un todo, siendo así ¿Qué aspectos de nuestra mente y de nuestro espíritu pueden influir en que nuestras rodillas no sean todo lo fuerte que deberían? A continuación voy a intentar responder algunas de estas cuestiones y a conocer un poco más sobre ellas. También encontrarás un par de ejercicios muy fáciles para tener unas rodillas sanas y fuertes.

 

Las rodillas, esas articulaciones ahí abajo…

La rodilla es una de las articulaciones más poderosas del cuerpo: sostiene nuestro peso y nos ayuda a movernos en el espacio, ya sea para andar, para correr, para sentarnos, para agacharnos a coger algo… Básicamente se compone de tres huesos: El fémur, la rótula y la tibia. El fémur y la tibia se encuentran conectados por sus cóndilos y, en medio de estos, encontramos la rótula: un curioso hueso que podemos tocar en nuestra rodilla y que veremos que se encuentra ahí suelto, como flotando. En realidad todo un enjambre de músculos, cápsulas sinoviales, tendones, ligamentos y bolsas terminan de asentar la articulación.

Gracias a las rodillas, como decimos, podemos desplazarnos por el espacio y hacer movimientos como andar, correr o sentarse. La articulación nos permite flexionar o extender la pierna, rotarla internamente o rotarla externamente, es decir, nos permite un amplio abanico de movimientos y posibilidades; sin embargo,  nada de esto podría ocurrir sin los músculos que nos van a permitir dichos movimientos: los cuádriceps en la parte anterior, los isquiotibiales en la parte posterior, a los que añadimos el poplíteo, que asegura una máxima estabilidad en la articulación.

Esto significa que los ejercicios en los que trabajemos los muslos van a permitir que nuestras rodillas se fortalezcan. Como siempre nos repite Rosa, mi Maestra: “Unos muslos fuertes significan unas rodillas sanas”.

No obstante, a pesar de su importancia, a veces nuestras costumbres y la falta de una buena higiene postural puede dar lugar a que desarrollemos dolencias en esta articulación: si a la poderosa acción de mover nuestro cuerpo en el espacio le añadimos otras circunstancias como cargar un peso (ya sea nuestro propio peso, porque tengamos exceso, o ya sea que llevemos algún elemento como un bolso colgado de solo un brazo), una mala alineación a la hora de andar, el uso de sillas y elementos que sabemos son fatales para nuestras articulaciones y salud en general, o el uso y abuso de la articulación en ejercicios y deportes; podemos encontrarnos con serios problemas en ellas: tendinitis, bursitis, ligamentos afectados, etc. Que van a repercutir en nuestra salud.

 

Y hasta aquí nuestra descripción física, sin embargo, como ya sabemos, el Yoga concibe al ser humano como un todo en el que cada parte de nosotros influye en todas las demás, y como no podía ser menos, las rodillas tienen también su simbología y significado dentro de nuestro propio universo.

 

Nuestras emociones también se manifiestan en las rodillas

¿No resulta extraño que, bajo las mismas condiciones, algunas personas desarrollen ciertas dolencias y otras no? Obviamente, hablamos partiendo del mismo punto. Quizás el problema en tus rodillas venga derivado, a su vez, de una mala alineación en tu columna, pero a veces puedo observar cómo personas que aparentemente tienen una misma alineación y se dedican a las mismas actividades, presentan dolencias distintas cuando realmente, si somos objetivos y nos centramos en el estado físico, esta diferencia no tendría por qué suceder. Y es aquí donde entraría el aspecto mental.

Las rodillas se han relacionado desde antaño con nuestro orgullo y nuestra humildad y aceptación: con la entrega total. Ser capaces de hacer una reverencia, tener una actitud de entrega, dejar a un lado nuestro orgullo para pedir disculpas, realizar actos de humildad nos requieren unas rodillas sanas y fuertes. El orgullo, la altivez, la soberbia… son emociones que nos limitan y que nuestro cuerpo a veces manifiesta a través de las rodillas.

Sin embargo, puede que tu mente escéptica vea esta relación un tanto inestable, por decirlo de algún modo. Sin embargo, no todo es tan mágico o etéreo, realmente la explicación es fácil, sencilla, y accesible también desde un punto de vista científico. Bien es sabido por todos que determinadas actitudes y pensamientos ejercen en nuestro cuerpo ciertos puntos de tensión y que además modifican nuestra postura: una persona tímida y retraída indefectiblemente tendrá unos hombros más bien caídos y una caja torácica contraída: intenta esconderse, desaparecer. Una persona altiva, prepotente, agresiva, tenderá a exponer su pecho, a tensar su rostro, a elevar su voz. Es decir, nuestro cuerpo responde a nuestros pensamientos.

Cuando en nosotros suceden emociones como el orgullo, la soberbia o la altivez, necesitamos crecer, tensarnos, mostrarnos por encima de los demás. Nuestros ojos necesitan estar por encima de los del otro. Estar por debajo significa sumisión, algo que no queremos que suceda, y esto nos hace tensarnos, pero, sobre todo, tensar nuestras rodillas, ya que nos van a ayudar a crecer, a mantenernos más fuertes y poderosos. Bloqueamos las rodillas porque de esa forma no podemos realizar una genuflexión, no podemos someternos a la voluntad del otro. 

Cuando las rodillas enferman o duele, es momento no solo de ver a qué puede deberse y de qué manera nuestro cuerpo y su posicionamiento puede estar afectándonos, sino de hacer un sincero examen interior y descubrir si nuestros problemas puede venir derivada de una actitud de orgullo, de soberbia, de falta de humildad.

 

Ayudándonos a sanar las rodillas

Algunos consejos para fortalecerlas y sanarlas

En realidad tener unas rodillas sanas y fuertes no es difícil si nos proponemos adquirir algunos hábitos en nuestro día a día. Si ya tenemos alguna dolencia, es importante reflexionar acerca de a qué se puede deber y, sobre todo, ser constantes en nuestras pautas para tener unas rodillas sanas. A continuación daré algunas nociones de cómo mantener las rodillas sanas, y prevenir dolencias que suelen aparecer.

Un ejercicio muy sencillo que propone David Coulter en Anatomía del Hatha Yoga consiste en una serie de cuatro o cinco ejercicios fáciles de hacer y que su práctica continuada durante varios meses van a suponer un robusto fortalecimiento de la articulación, consiguiendo, incluso, sanar dolencias como tendinitis, bursitis, problemas de ligamentos, etc.

 

1) Desde Tadasana, separa bien tus piernas, llevando cada pie más ancho que las caderas, coloca tus muslos firmes y tensos: tensión en cuádriceps y en isquiotibiales. Las rodillas también se encuentran firmes y tensas, pero evitando el bloque excesivo de las mismas. Mantén dicha tensión isométrica todo el tiempo.

2) Puedes colocar tus manos en distintas posiciones, por ejemplo, tus brazos en cruz, o apoyados en las caderas, o con tus brazos por encima de tu cabeza, sujetándote los codos, o en posición de desbloqueo…

3) Desde tu posición con la espalda recta y los brazos posicionados, realiza los siguientes movimientos:

– Desde las caderas, dirige tu tronco hacia la derecha e inclínate en esa dirección. Recuerda que todo el tiempo las rodillas se mantienen tensas. Realiza el mismo movimiento, pero dirigiendo tu tronco ligeramente hacia atrás.

– De nuevo en la posición de partida, ahora realiza los mismos movimientos pero hacia la izquierda, observando que tus muslos estén contraídos y que las rodillas sigan estiradas.

– Por último, el mismo movimiento dirigiendo tu tronco hacia delante, en flexión, y el mismo movimiento dirigiendo el tronco hacia atrás, en extensión.

secuencia para rodillas fuertes y sanas

Al principio, mantén en cada movimiento un ciclo de dos respiraciones o tres, y poco a poco ve aumentando el número de respiraciones. Cuando comiences, seguramente la práctica del ejercicio te lleve algo menos de cinco minutos, pero a medida que vayas incorporando más respiraciones, podrás mantenerlo unos 15 minutos. Con esto lograremos en menos de tres meses notar cómo nuestras rodillas se han visto totalmente fortalecidas.

 

En caso de que ya tengamos una lesión:

Si hemos sufrido alguna lesión de rodilla, y estamos en proceso de curación, seguimos los ejercicios que Mark Stephens nos propone:

1) Precaución. Sencillo, escueto y directo. Si ya estás lesionado, ten cuidado en tus movimientos y trátate con mucho mimo hasta que te recuperes.

2) ¡A dibujar! Siéntate en algún sitio en el que tus rodillas cuelguen, que no se apoyen en el suelo, y ahí empieza a dibujar las letras del abecedario o números. Algo tan sencillo nos va a ayudar a recuperar la movilidad de la rodilla mucho antes y a fortalecerla.

3) A medida que nos vayamos sintiendo mejor y que tengamos acceso a más asanas, podremos fortalecer nuestra musculatura y con ella  las rodillas incorporando asiduamente a nuestra rutina las siguientes acciones:

– Contraer cuádriceps: en Dandasana, contraemos las rodillas, al igual que Paschimottanasana, Adho Mukha Svanasana, Naukasana, Vrksasana.

 

– Expandir los cuádriceps: con Virasana, Dhanurasana o Apanasana.

 

– Fortalecer los tendones de las corvas y tonificar los ligamentos: posicionándonos en Shavasana, y trayéndonos los pies hacia los glúteos hasta alcanzar la posición de piernas en Setu Bandhasana, nos ayuda a fortalecer tendones y ligamentos.

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Preguntándonos a nosotros mismos

Y estos son algunos de los ejercicios que podemos realizar para o bien mantener unas rodillas fuertes y sanas, o bien acelerar la recuperación de las mismas, y evitar recaídas en caso de que exista alguna dolencia. Sin embargo, también es importante no solo los ejercicios, sino corregir nuestras actitudes en la vida. ¿Tu orgullo te impide una actitud de humildad? ¿Eres capaz de hacer una reverencia, de mostrar tu abandono hacia algo que sea superior a ti? ¿Ves a los demás como usurpadores de tu poder o puedes verlos como personas igual de sagradas que tú?

Reflexionar sobre ello puede darnos a conocer muchísimos aspectos de nosotros mismos, de darnos cuenta de aquello que, por algún motivo, se encuentra en nosotros y que necesitamos sacar a la luz para poder ser más felices, para vivir en paz y armonía con nuestro cuerpo-mente-espíritu, y con el universo y el Ser.

 

¿Y tú? Estás dispuesto a tener unas rodillas sanas?

 

Hari Om.

¿Por qué nos duelen las rodillas? Curando desde lo físico y desde lo mental

Las rodillas, esas dos articulaciones ahí en nuestras piernas que en muchas ocasiones, casi sin darnos cuenta, de repente molestan, duelen, o tenemos una sensación extraña, y a medida que la edad avanza, más presencia –y no precisamente por su fortaleza- parecen tener. ¿Qué papel desempeñan las rodillas en nuestro organismo? Recuerda que el Yoga nos concibe como un todo, siendo así ¿Qué aspectos de nuestra mente y de nuestro espíritu pueden influir en que nuestras rodillas no sean todo lo fuerte que deberían? A continuación voy a intentar responder algunas de estas cuestiones y a conocer un poco más sobre ellas. También encontrarás un par de ejercicios muy fáciles para tener unas rodillas sanas y fuertes.

 

Las rodillas, esas articulaciones ahí abajo…

La rodilla es una de las articulaciones más poderosas del cuerpo: sostiene nuestro peso y nos ayuda a movernos en el espacio, ya sea para andar, para correr, para sentarnos, para agacharnos a coger algo… Básicamente se compone de tres huesos: El fémur, la rótula y la tibia. El fémur y la tibia se encuentran conectados por sus cóndilos y, en medio de estos, encontramos la rótula: un curioso hueso que podemos tocar en nuestra rodilla y que veremos que se encuentra ahí suelto, como flotando. En realidad todo un enjambre de músculos, cápsulas sinoviales, tendones, ligamentos y bolsas terminan de asentar la articulación.

Gracias a las rodillas, como decimos, podemos desplazarnos por el espacio y hacer movimientos como andar, correr o sentarse. La articulación nos permite flexionar o extender la pierna, rotarla internamente o rotarla externamente, es decir, nos permite un amplio abanico de movimientos y posibilidades; sin embargo,  nada de esto podría ocurrir sin los músculos que nos van a permitir dichos movimientos: los cuádriceps en la parte anterior, los isquiotibiales en la parte posterior, a los que añadimos el poplíteo, que asegura una máxima estabilidad en la articulación.

Esto significa que los ejercicios en los que trabajemos los muslos van a permitir que nuestras rodillas se fortalezcan. Como siempre nos repite Rosa, mi Maestra: “Unos muslos fuertes significan unas rodillas sanas”.

No obstante, a pesar de su importancia, a veces nuestras costumbres y la falta de una buena higiene postural puede dar lugar a que desarrollemos dolencias en esta articulación: si a la poderosa acción de mover nuestro cuerpo en el espacio le añadimos otras circunstancias como cargar un peso (ya sea nuestro propio peso, porque tengamos exceso, o ya sea que llevemos algún elemento como un bolso colgado de solo un brazo), una mala alineación a la hora de andar, el uso de sillas y elementos que sabemos son fatales para nuestras articulaciones y salud en general, o el uso y abuso de la articulación en ejercicios y deportes; podemos encontrarnos con serios problemas en ellas: tendinitis, bursitis, ligamentos afectados, etc. Que van a repercutir en nuestra salud.

 

Y hasta aquí nuestra descripción física, sin embargo, como ya sabemos, el Yoga concibe al ser humano como un todo en el que cada parte de nosotros influye en todas las demás, y como no podía ser menos, las rodillas tienen también su simbología y significado dentro de nuestro propio universo.

 

Nuestras emociones también se manifiestan en las rodillas

¿No resulta extraño que, bajo las mismas condiciones, algunas personas desarrollen ciertas dolencias y otras no? Obviamente, hablamos partiendo del mismo punto. Quizás el problema en tus rodillas venga derivado, a su vez, de una mala alineación en tu columna, pero a veces puedo observar cómo personas que aparentemente tienen una misma alineación y se dedican a las mismas actividades, presentan dolencias distintas cuando realmente, si somos objetivos y nos centramos en el estado físico, esta diferencia no tendría por qué suceder. Y es aquí donde entraría el aspecto mental.

Las rodillas se han relacionado desde antaño con nuestro orgullo y nuestra humildad y aceptación: con la entrega total. Ser capaces de hacer una reverencia, tener una actitud de entrega, dejar a un lado nuestro orgullo para pedir disculpas, realizar actos de humildad nos requieren unas rodillas sanas y fuertes. El orgullo, la altivez, la soberbia… son emociones que nos limitan y que nuestro cuerpo a veces manifiesta a través de las rodillas.

Sin embargo, puede que tu mente escéptica vea esta relación un tanto inestable, por decirlo de algún modo. Sin embargo, no todo es tan mágico o etéreo, realmente la explicación es fácil, sencilla, y accesible también desde un punto de vista científico. Bien es sabido por todos que determinadas actitudes y pensamientos ejercen en nuestro cuerpo ciertos puntos de tensión y que además modifican nuestra postura: una persona tímida y retraída indefectiblemente tendrá unos hombros más bien caídos y una caja torácica contraída: intenta esconderse, desaparecer. Una persona altiva, prepotente, agresiva, tenderá a exponer su pecho, a tensar su rostro, a elevar su voz. Es decir, nuestro cuerpo responde a nuestros pensamientos.

Cuando en nosotros suceden emociones como el orgullo, la soberbia o la altivez, necesitamos crecer, tensarnos, mostrarnos por encima de los demás. Nuestros ojos necesitan estar por encima de los del otro. Estar por debajo significa sumisión, algo que no queremos que suceda, y esto nos hace tensarnos, pero, sobre todo, tensar nuestras rodillas, ya que nos van a ayudar a crecer, a mantenernos más fuertes y poderosos. Bloqueamos las rodillas porque de esa forma no podemos realizar una genuflexión, no podemos someternos a la voluntad del otro. 

Cuando las rodillas enferman o duele, es momento no solo de ver a qué puede deberse y de qué manera nuestro cuerpo y su posicionamiento puede estar afectándonos, sino de hacer un sincero examen interior y descubrir si nuestros problemas puede venir derivada de una actitud de orgullo, de soberbia, de falta de humildad.

 

Ayudándonos a sanar las rodillas

Algunos consejos para fortalecerlas y sanarlas

En realidad tener unas rodillas sanas y fuertes no es difícil si nos proponemos adquirir algunos hábitos en nuestro día a día. Si ya tenemos alguna dolencia, es importante reflexionar acerca de a qué se puede deber y, sobre todo, ser constantes en nuestras pautas para tener unas rodillas sanas. A continuación daré algunas nociones de cómo mantener las rodillas sanas, y prevenir dolencias que suelen aparecer.

Un ejercicio muy sencillo que propone David Coulter en Anatomía del Hatha Yoga consiste en una serie de cuatro o cinco ejercicios fáciles de hacer y que su práctica continuada durante varios meses van a suponer un robusto fortalecimiento de la articulación, consiguiendo, incluso, sanar dolencias como tendinitis, bursitis, problemas de ligamentos, etc.

 

1) Desde Tadasana, separa bien tus piernas, llevando cada pie más ancho que las caderas, coloca tus muslos firmes y tensos: tensión en cuádriceps y en isquiotibiales. Las rodillas también se encuentran firmes y tensas, pero evitando el bloque excesivo de las mismas. Mantén dicha tensión isométrica todo el tiempo.

2) Puedes colocar tus manos en distintas posiciones, por ejemplo, tus brazos en cruz, o apoyados en las caderas, o con tus brazos por encima de tu cabeza, sujetándote los codos, o en posición de desbloqueo…

3) Desde tu posición con la espalda recta y los brazos posicionados, realiza los siguientes movimientos:

– Desde las caderas, dirige tu tronco hacia la derecha e inclínate en esa dirección. Recuerda que todo el tiempo las rodillas se mantienen tensas. Realiza el mismo movimiento, pero dirigiendo tu tronco ligeramente hacia atrás.

– De nuevo en la posición de partida, ahora realiza los mismos movimientos pero hacia la izquierda, observando que tus muslos estén contraídos y que las rodillas sigan estiradas.

– Por último, el mismo movimiento dirigiendo tu tronco hacia delante, en flexión, y el mismo movimiento dirigiendo el tronco hacia atrás, en extensión.

secuencia para rodillas fuertes y sanas

Al principio, mantén en cada movimiento un ciclo de dos respiraciones o tres, y poco a poco ve aumentando el número de respiraciones. Cuando comiences, seguramente la práctica del ejercicio te lleve algo menos de cinco minutos, pero a medida que vayas incorporando más respiraciones, podrás mantenerlo unos 15 minutos. Con esto lograremos en menos de tres meses notar cómo nuestras rodillas se han visto totalmente fortalecidas.

 

En caso de que ya tengamos una lesión:

Si hemos sufrido alguna lesión de rodilla, y estamos en proceso de curación, seguimos los ejercicios que Mark Stephens nos propone:

1) Precaución. Sencillo, escueto y directo. Si ya estás lesionado, ten cuidado en tus movimientos y trátate con mucho mimo hasta que te recuperes.

2) ¡A dibujar! Siéntate en algún sitio en el que tus rodillas cuelguen, que no se apoyen en el suelo, y ahí empieza a dibujar las letras del abecedario o números. Algo tan sencillo nos va a ayudar a recuperar la movilidad de la rodilla mucho antes y a fortalecerla.

3) A medida que nos vayamos sintiendo mejor y que tengamos acceso a más asanas, podremos fortalecer nuestra musculatura y con ella  las rodillas incorporando asiduamente a nuestra rutina las siguientes acciones:

– Contraer cuádriceps: en Dandasana, contraemos las rodillas, al igual que Paschimottanasana, Adho Mukha Svanasana, Naukasana, Vrksasana.

 

– Expandir los cuádriceps: con Virasana, Dhanurasana o Apanasana.

 

– Fortalecer los tendones de las corvas y tonificar los ligamentos: posicionándonos en Shavasana, y trayéndonos los pies hacia los glúteos hasta alcanzar la posición de piernas en Setu Bandhasana, nos ayuda a fortalecer tendones y ligamentos.

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Preguntándonos a nosotros mismos

Y estos son algunos de los ejercicios que podemos realizar para o bien mantener unas rodillas fuertes y sanas, o bien acelerar la recuperación de las mismas, y evitar recaídas en caso de que exista alguna dolencia. Sin embargo, también es importante no solo los ejercicios, sino corregir nuestras actitudes en la vida. ¿Tu orgullo te impide una actitud de humildad? ¿Eres capaz de hacer una reverencia, de mostrar tu abandono hacia algo que sea superior a ti? ¿Ves a los demás como usurpadores de tu poder o puedes verlos como personas igual de sagradas que tú?

Reflexionar sobre ello puede darnos a conocer muchísimos aspectos de nosotros mismos, de darnos cuenta de aquello que, por algún motivo, se encuentra en nosotros y que necesitamos sacar a la luz para poder ser más felices, para vivir en paz y armonía con nuestro cuerpo-mente-espíritu, y con el universo y el Ser.

 

¿Y tú? Estás dispuesto a tener unas rodillas sanas?

 

Hari Om.